Al principio estaba nerviosa, como ya sabéis no había entrenado la prueba y sabía que iba a sufrir mucho para terminarla pero aún así fui (ya que había pagado...)
Más de 11 mil valientes nos presentamos allí, 9 mil pasamos por la línea de meta.
Ya lo tenía todo listo, música, dorsal, mi botella con isotónica... Ya iba a comenzar, sólo faltaban 5 minutos. Conforme se acercaba la hora comencé a estar más tranquila, sólo quería terminar.
Sonó el pistolazo y allá que fuimos a un ritmo muy muy bajo, éramos muchísimos y a penas podías correr bien hasta pasado los 2-3 Km. Pero no es que me molestase, me gusta correr con gente y hace que no te sientas solo, que hay más locos como tú que estarán pensando quizás lo mismo. Además este periodo en el que todavía no puedes poner tu ritmo, a mi me sirve como toma de contacto de la carrera y así a lo tonto pasaron los 3 primeros km.En el primer avituallamiento no cogí nada, llevaba medio litro de isotónica en una botella e iba bebiendo de ahí.
Después todo surgió sinceramente creo que bastante deprisa. Las personas que fueron como espectadores animando, los niños ponían sus manitas para que tu les chocaras y eso a mi al menos, me daba energía.
Llevaba mi música, las cantaba, escuchaba las pisadas del resto, veía como adelantaba a personas y como también otros me adelantaban... Pensaba en muchas cosas, miraba a la gente y en ningún momento quise mirar el reloj, no quería hacerlo. Sabía que si lo hacía quizás me venía abajo. Me sentía bien corriendo y tal vez hubiese mirado el reloj y hubiese visto que llevaba un ritmo bajo y me hubiese venido abajo así que, como iba bien en el ritmo que llevaba quise seguir con esas sensaciones y ni aumentar, ni intentar bajar el ritmo de carrera.
Los kilómetros pasaron y a penas me di cuenta la verdad.
